11 de septiembre de 2014

La historia de la Reina Cadáver




Inés era la hija de una familia gallega muy poderosa, la casa Castro. El príncipe Pedro I de Portugal (1320-1367) se enamoró ciegamente de Inés de Castro y llevados por la pasión se casaron secretamente sin que ni tan siquiera el padre de Pedro, el rey Alfonso XI lo supiera. A partir de entonces la vida de Inés y Pedro se convirtió en una de las historias de amor más trágicas y bellas de todos los tiempos.

Cuando Alfonso XI se enteró del casamiento de su hijo y temiendo posibles complicaciones políticas que se podían presentar por la enemistad de la familia de la joven con otras familias importantes, inventó cargos contra la joven, que fue juzgada, hallada culpable y decapitada.

Cómo era de esperar, el Príncipe Pedro I enfureció al enterarse de la noticia de la muerte de su amada y guiado por el odio a su padre y a todos los implicados en el asesinato comenzó una guerra civil que no terminó hasta la muerte del Rey en 1357.

La “resurrección” de Inés de Castro

Al alcanzar el trono, el ahora Rey Pedro I decidió desenterrar el cuerpo de su amada y arrancar el corazón a sus verdugos y a todas las personas implicadas en su asesinato. El cuerpo muerto de Inés fue colocado en un trono y coronado como Reina consorte. Se dice que todos los altos mandos y dignatarios del país tuvieron que rendirle pleitesía, besándole la mano y tratándola como si aun estuviera viva. Inés de Castro fue con toda probabilidad la única Reina que reinó muerta.

Supercurioso.com

Cuanta locura!

Un pequeño resbalón y acabarás dando el salto del ángel sin paracaídas. La llaman la Piscina del Diablo y está justo al borde de las cataratas Victoria. Un abismal escenario en el que puedes sumergirte para ver, justo a unos centímetros de ti,  la feroz caída del río Zambeze, en África. Son muchos los turistas que diariamente acuden a esta piscina natural no apta para aquellos que teman a las alturas, un rincón espectacular que te recomendamos conocer, si eres un amante de las emociones fuertes. Muy-muy fuertes.

Cabe la posibilidad de que si caes, salgas con vida. Al menos sobrevivirías a la caída, pero no a las decenas de cocodrilos que suelen aguardarnos al final de estas cataratas únicas en el mundo. Miden unos 1,7 kms de ancho y 108 metros de alto. Sus dimensiones duplican a las del Níagara, y aunque no son tan conocidas, sí son un reclamo turístico para todo aquel que visite Zambia.