5 de diciembre de 2008

Historia del perfume

Aunque cueste creerlo, desde la Edad de Piedra que el perfume es utilizado por los hombres. Cuál es la historia de una de las industrias mundiales más rentables.

Los inicios de la perfumería se remontan a la Edad de Piedra, cuando los hombres incineraban maderas aromáticas para complacer con humo (per fumum) a sus divinidades. De ahí el origen de la palabra.

No obstante, la fabricación de perfumes para uso humano comenzó con los egipcios, quienes fueron los primeros perfumistas artesanales de que se tiene noticia y que lograron extraer aromas naturales de los más variados tipos.

Para que se tenga una idea de cuánto avanzaron en ese sentido alcanza con mencionar que cuando se abrió la tumba del faraón Tutankamon se hallaron más de tres mil potes con fragancias que aún conservan su olor, a pesar de haber permanecido enterrados por más de 30 siglos. Por aquellos tiempos las egipcias colgaban de sus cuellos pequeños recipientes de barro con sustancias aromáticas y llegaron a creer que el buen olor no sólo seducía a los hombres, sino que ahuyentaba las enfermedades.

Con el tiempo, la perfumería sufrió muchas transformaciones, hasta llegar a la producción industrial y a la categoría de artículo de lujo con la que hoy se la conoce.

Uno de los descubrimientos claves para llegar a esto fue el hallazgo árabe del alcohol, en el siglo VIII. Aceites y resinas olorosas diluidas en el alcohol revelaron toda la plenitud de sus cualidades aromáticas, dando así origen a perfumes mucho más finos.

LOS PRIMEROS PERFUMES FAMOSOS

El primer perfume famoso elaborado con alcohol fue una crema llamada Agua de la reina de Hungría, que debe su nombre por ser el predilecto de la princesa húngara Isabel, a principios del siglo XIII.

Los griegos, que consideraban el perfume corno un don de Venus, usaban un aroma diferente para cada parte del cuerpo: menta para los brazos, mejorana para los cabellos, aceite de palma para el pecho, tomillo para las rodillas y aceite de orégano para las piernas y los pies, entre otros.

El primer perfume elaborado con fines comerciales data del siglo XIV, y se conoció en aquel entonces como Agua de Reina o Agua admirable, nombres que le dio su creador, el químico y comerciante italiano Juan María Farina, quien en 1709 se estableció en Colonia, una ciudad del imperio Prusiano. Años después de su famosa invención, se supo que Farina obtuvo la fórmula de un monje que había vivido muchos años en Oriente.

Precisamente, de todas las fragancias existentes en la actualidad, la más antigua es el "Agua de Colonia 4711", creada en 1796 y considerada a su vez el primer perfume unisex del mundo. Entre los famosos de la historia que lo usaron figura Napoleón I y su amada Josefina de Beauharnais.

Según el novelista Alejandro Dumas (hijo), por esa época todo el mundo se bañaba en perfumes excepto, los filósofos, que preferían diferenciarse por su mal olor, aunque muchos de ellos sucumbieron también en la tentación de usarlos.

El perfume como tal como se conoce en la actualidad se divide en extractos -el que más perdura en la piel - mientras que el agua de tocador es una versión más suave. La colonia es de olor más delicado y muy refrescante. Los perfumes con aromas de flores tienen ingredientes básicos como el jazmín y la rosa, aunque se produce también con gardenias, violetas, narcisos y lilas. Los hay elaborados con fragancias críticas como el limón y la naranja, tanto de sus flores como de sus propios frutos.

Los aromas orientales son los más sensuales y están compuestos por el patchouli y el almizcle. Tienen un perfecto equilibrio entre las flores y las especias, e imparten un aire místico.

Hay quienes afirman que saber perfumarse es todo un arte y aconsejan echarlo en aquellas zonas del cuerpo donde los latidos son más intensos, como por ejemplo, las muñecas, los tobillos, las sienes, los lóbulos de las orejas y el busto, ya que el calor del cuerpo activa su fragancia y la hace más duradera.


Perfumes y aromas, el lenguaje corporal

Cada persona utiliza un perfume diferente que lo clasifica de alguna manera y que le dota de su propia personalidad, que difiere del resto.

Actualmente, los aromas cítricos y frescos ceden paso a una nueva generación de fragancias orientales, elaboradas con notas florales y ambarinas. Esta mezcla proporciona un aroma que denota un estilo o personalidad depurada, elegante, sensual y muy femenina.

El nuevo lenguaje del perfume se basa en la utilización de flores exóticas, de especias, de notas de madera y ámbar que nos arrastra con un aroma intenso y evocador.

Hoy en día, la fragancia es el atuendo de moda más importante de las personas a la hora de potenciar la personalidad, aumentar el atractivo y dotarnos de una mayor sensualidad, capaz de seducir a los más exigentes.

Las firmas más relevantes del panorama internacional optan por incluir en sus nuevas fragancias, aromas cálidos, suaves, vibrantes y sensuales, en las que predominan las notas potentes a jazmín, almizcle, ámbar, azahar, rosa, frutos rojos del bosque, violeta, vainilla o incluso el chocolate blanco.

Un buen perfume, nuevos aromas y fragancias que tienen el poder de transportarnos a lugares desconocidos, lejanos y exóticos.

Las firmas de prestigio luchan, día a día, por crear una fragancia que permanezca, que deje huella, que se convierta en una novedad de alcance internacional y que, sobre todo, llegue a las personas por su capacidad de atracción.

Composición de los perfumes

El uso de los perfumes ha trascendido más allá de su objetivo funcional, como es proporcionar un olor agradable a nuestro cuerpo, llegando a constituir todo un lenguaje corporal cuyo origen se encuentra en el proceso amoroso. Pero, ¿cómo se consiguen los perfumes?

El perfume constituye quizás el medio más sutil de alcanzar una belleza más allá de la apariencia física. El estímulo del olfato, tan presente en gran parte de nuestras reacciones, es algo tan sutil como determinante a la hora de provocar atracción o rechazo en otras personas. Además de parte importante de toda una ceremonia, el uso del perfume es un modo de conseguir afecto y aceptación socialmente hablando.

El hombre usa perfume desde mucho antes de lo que se piensa. Como ocurre en los animales y las plantas, nuestro olor corporal también tiene connotaciones sociales, aunque en nuestro caso, su efectividad haya sido minimizada por otros elementos de efectos mucho más directos. Quizás precisamente por nuestra merma en esa capacidad de atracción mediante la emisión de fragancias, el hombre buscó en la naturaleza aquellas que le ayudaran a potenciarla, encontrándolas en los aceites esenciales presentes en las plantas.

Básicamente, el perfume está formado por uno o varios de estos aceites esenciales, además de alcohol y fijador. Así como no hay dos plantas iguales, no hay dos aceites esenciales iguales ni, por supuesto, dos perfumes iguales. Esto nos lleva a una gran verdad: cada perfume es adecuado para un determinado tipo de personas, situaciones y objetivos.

Existen dos grandes familias de fragancias, según el Comité Francés del Perfume: las cítricas, en las que se usan aceites de limón, naranja, mandarina y otros cítricos y las florales, elaboradas con extractos de flores. De las primeras se sabe que aportan un tono fresco y extrovertido, por lo que son más recomendadas para la primavera y el verano. En cuanto a las segundas se puede decir que constituyen la base de más de la mitad de los perfumes comercializados hoy en día, y ofrecen tal variedad en intensidad, tono y duración, que hay prácticamente un perfume para cada tipo de personalidad, y para cada situación.

Texto: Andrea Diez
Conjurado por Betty

3 comentarios:

  1. qye hermoso el escrito.
    me encantan los perfumes, los que tienen aroma a madera, sobre todo.
    los dulces ni loca me los pongo.
    los perfumes de hombre son los mejores.

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  2. Muy bueno el informe, lo fuí leyendo fraccionado. Me encantan los perfumes, ahora estoy usando uno floral, de rosas, pero cambio según el estado de ánimo que tenga.

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  3. No Rengue...los perfumes de flores no me gustan...ni los dulces...me gustan los ácidos...

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Namasté!!