14 de abril de 2009

Gajos de naranja




Las dos mujeres avanzaban por la gran explanada que daba al templo portando, entre ambas, un sólo y enorme cesto de frutas. Era el comienzo del año y en Vietnam, al igual que en China, las naranjas forman parte de las primicias que se ofrecen a los ancestros y a los dioses tutelares. La mayor, Alba Rosa, se quejaba ante su amiga, Peonía del Viento:

-Creo que me ha tocado la media naranja que no me corresponde, que no he tenido la suerte de dar con el hombre que descifre, en mi sueño, la longitud de onda de mis deseos, cuyas caricias los colmen y cuyas manos sean, en ese ejercicio, inagotables.

-Puede-respondió Peonía del Viento con una sonrisa-, que el amor no exija mitades simétricas y que, a pesar del dicho que habla de nuestra "media naranja", no haya que pensar en correspondencias exactas y perfectas.

-Lo que se dice desde siempre por alguna razón será-suspiró Alba Rosa tocándose el rostro como si quisiera apartar de él algo molesto-.Supongo que el amor es y será siempre agridulce.

Transcurridos unos instantes de silencio, Peonía del Viento dijo:
-Hombre y mujer no son, me parece, dos mitades que deban ajustarse de acuerdo a un plan previsto para calzar así en el interior de un fruto esférico al que la boda garantice el brillo y los años siguientes madurez y sabor. Apenas si somos dos gajos que a más de tocarse entre sí comparten con otros un mismo cuerpo, la naranja.

Un vendedor de pájaros pasó junto a las mujeres y miró con picardía a la más joven. La luz de la hora tenía un matiz distante, que se diluía en nubes planas y brillantes. Las amigas abrieron las cestas con las ofrendas y esperaron el momento en que, encendida la varita de incienso de azahar, solicitarían bondades y alegrías al ciclo que estaba por iniciarse.

-Tal vez llegues a entenderte mejor-prosiguió Peonía del Viento-con el gajo que tienes enfrente, pero eso no supone, necesariamente, que tengas que tocarlo. Fruta o mundo, estar en un mismo cuerpo no significa que el nuestro pueda exigir al destino, y por mitades, aquello que el destino mismo se complace en ordenar por gajos. El amor humano no refleja la mitad de un todo sino un resplandor que se comparte, un zumo tan pronto ácido como meloso, la tibia y reversible frontera entre dos individuos que se acarician en la misma naranja.


Mario Satz
Conjurado por Betty

2 comentarios:

  1. TE DIGO CON SINCERIDAD AMIGA,QUE LEO Y ME LLEVA A PENSAR MAS JA,JA,AJ, QUE BIEN HACE ESTAS METAFORAS ?A MI ME HACE MUY BIEN !!!!

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Namasté!!