6 de abril de 2009

LOS MIL ROSTROS DEL MIEDO


Un paso gigantesco en el camino que lleva al auto conocimiento es observar sin emociones, objetivamente aquello que tememos. ¿A qué tenemos miedo? ¿a perder nuestra pareja? ¿a quedarnos sin trabajo? ¿ a fracasar? ¿ a hacer el ridículo? ¿ a no esta a la altura de lo que se espera de nosotros? ¿ a la soledad? ¿al dolor? ¿a la muerte? Las preguntas son infinitas y sobre todo muy personales. Uno tiene miedo a que le suceda algo o a ejercer determinadas acciones que nos atemorizan. Por ejemplo uno puede temer envejecer o a hablar en público. Una gama infinita de inquietudes se oculta tras los múltiples rostros del miedo. ¿Qué hay detrás de una relación afectiva que nos produce dolor y la que sin embargo seguimos atados? ¿Por qué no aceptamos el cambio en nuestras vidas y no reconocemos que las crisis son oportunidades de crecimiento?.

Todo cambio es una amenaza al estancamiento que necesita del miedo para subsistir. Crecer duele, claro. Pero en nuestras manos está (mejor dicho en nuestra mente), poder hacer la experiencia menos traumática y en vivirla como lo que es: una renovación de la vida. ¿Por qué ponerse en contra de la corriente de transformación y aferrarse desesperadamente a lo que creemos nos da seguridad?

La seguridad no está en tener sino en ser. Cuanto más se experimenta el desapego más alegría de vivir se encuentra. O sea que cuantas más dependencias son eliminadas de nuestra vida, más ganas de vivir se tienen. Hay quien depende del dinero, hay quien depende del poder que le permite sentirse importante, otros dependen del amor o de la manipulación para ser querido. Otros dependen de la agresividad y la violencia porque se sienten amenazados. Hay dependencias para todos los gustos. Pero por poco que busquemos nos daremos cuenta que también son disfraces del miedo. El temor a ser rechazado es quizás uno de los miedos más frecuentes. Se arrastra por la humanidad desde tiempos muy antiguos donde la pertenencia a un grupo era sagrada y cualquier exclusión de él era una sanción. El temor a envejecer es una de las manifestaciones del temor de los últimos tiempos. La frivolidad domina ciertos ambientes y este miedo se instala no como temor a finalizar la vida sino como a parecer mayor.
El miedo es un viejo conocido de la humanidad. Comparte con nosotros la experiencia cotidiana; es intemporal y está presente en todas las culturas del planeta...igual que el amor. ¡Por partes iguales, no lo olvidemos! Somos nosotros quienes establecemos el desequilibrio transformando la luz en sombra.

Cuando hay libertad y amor desaparece el miedo. Son dos extremos opuestos. Dice el "Curso de Milagros": todo lo que no es amor es miedo y viceversa.

De la transmutación del miedo en amor depende la felicidad, esa inexplicable certeza de ser uno mismo y de estar en el camino correcto, que va acompañada de una experiencia de paz y alegría. ¿Cómo hacerlo? Empezando ahora mismo. Debes disponer de unos minutos sin interrupciones, de papel y lápiz. Relájate, haz unas inspiraciones profundas, cómodas, lentas. Con los ojos cerrados mantente en calma y deja ir los pensamientos que vengan en estos momentos.
Unos segundos de silencio interior son suficientes para comenzar. Hay que conseguirlos para establecer la conexión con nuestra esencia.

Abre los ojos y anota en un papel la preocupación que tengas en estos momentos, el problema, la decisión a tomar, la duda o la inquietud que primero te venga a la mente. Escríbela, mírala en el papel, resumida en unas pocas palabras. Haz por escrito esta pregunta: ¿Qué me da miedo de esta situación y por qué? Escribe las respuestas y cuando las tengas, comienza a ver a distancia lo que te atemoriza. Míralas y verás que no era tanto. De hecho no es nada. El temor sutilmente se transforma en serenidad en cuanto se le reconoce.
¿De verdad que esto es una amenaza real para mí o sólo lo imagino? ¿qué es lo peor que puede pasar? Si contestas con sinceridad te asombrarás al ver la cantidad de cosas que dices, piensas y haces movido como un títere manejado por el miedo.
En la próxima decisión que tengas que tomar grande o pequeña detente y observa tus sensaciones.
En todo momento la decisión adecuada es la que nos da una sensación de paz interna. La mejor indicación para saber qué camino tomar es escucharnos atentamente y descubrir dónde experimentamos paz.

Aprender a identificar el miedo es comenzar a caminar hacia la libertad personal, apartando lo que nos condiciona. Curiosamente, al miedo cuando se le reconoce y desenmascara, se le caen sus imaginarios atributos de poder y se diluye en la luz. De vez en cuando conviene ventilar los depósitos internos.

Conjurado por Betty

2 comentarios:

  1. BUENOS DIAS BETTY AMIGA!! EL MIEDO TAPA EL RAZONAMIENTO ,PARALIZA ,SIEMPRE ERA MUY MIEDOSA ,CON LOS AÑOS SE TEMPLO GRACIAS A DIOS Y JESUS!!

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  2. El miedo también es inseguridad.

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Namasté!!