13 de mayo de 2009

Madres Malas


“Un día, cuando mis hijos estén crecidos lo suficiente para entender la lógica que motiva a los padres y madres, yo habré de decirles: - “Los amé lo suficiente como para haberles preguntado a dónde van, con quién van y a qué horas regresarán”.

-Los amé lo suficiente para no haber quedado callada y hacerles saber, aunque no les gustara, que aquel nuevo amigo no era buena compañía.

-Los amé lo suficiente para hacerles pagar las golosinas que agarraron del supermercado o las revistas del kioskero, y hacerles decir al dueño: “Nosotros tomamos esto ayer y queremos pagar”.

-Los amé lo suficiente como para haber permanecido en pie, junto a ustedes, dos horas, mientras limpiaban su cuarto, tarea que habría hecho yo en 15 minutos.

-Los amé lo suficiente para dejarles ver además del amor que sentía por ustedes, la decepción y también las lágrimas en mis ojos.

-Los amé lo suficiente para dejarlos asumir la responsabilidad de sus acciones, aún cuando las penalidades eran tan duras que me partían el corazón.

-Y ante todo, los amé lo suficiente para decirles NO, cuando sabía que ustedes podrían odiarme por eso (y en algunos momentos sé que me odiaron).

Esas eran las batallas más difíciles de todas. Estoy contenta, vencí... ¡Porque al final ustedes ganaron también!

Y cualquiera de estos días, cuando mis nietos hayan crecido lo suficiente para entender la lógica que motiva a los padres y madres; cuando ellos les pregunten si su madre era mala, mis hijos les dirán:

“Si, nuestra madre era mala. Era la madre más mala del mundo... Los otros chicos comían golosinas en el desayuno y nosotros teníamos que comer cereales, huevos y tostadas. Los otros chicos bebían gaseosas y comían papas fritas y helados en el almuerzo y nosotros teníamos que comer arroz, carne, verduras y frutas.

Mamá tenía que saber quiénes eran nuestros amigos y qué hacíamos nosotros con ellos.

Insistía en que le dígamos con quién íbamos a salir, aunque demoráramos apenas una hora o menos. Ella nos insistía para que le dígamos siempre la verdad y nada más que la verdad.

Y cuando éramos adolescentes, no se cómo, conseguía hasta leernos el pensamiento.

¡Nuestra vida sí que era pesada!

Ella no permitía que nuestros amigos nos tocaran bocina para que saliéramos; tenían que bajar, golpear la puerta y entrar para que ella los conociera.

Cuando todos podían volver tarde de la noche con 12 años, tuvimos que esperar como hasta los 16 para hacerlo, y aquella pesada se levantaba para saber si la fiesta había estado buena (sólo para ver en qué estado estábamos al volver).

Por culpa de nuestra madre, nos perdimos inmensas experiencias en la adolescencia.

- Ninguno de nosotros estuvo envuelto en problema de drogas, robos, actos de vandalismo, violación de propiedad, ni fuimos presos por ningún crimen.


¡TODO FUE CULPA DE ELLA!

¡Aquellas que ya son madres, que no se culpen, y aquellas que lo serán, ¡que esto les sirva de alerta!
(Dr. Carlos Hecktheuer, Médico Psiquiatra)

1 comentario:

  1. ¡¡Cuánta verdad!! Pero también un peso en la conciencia jajaj!!

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Namasté!!