2 de noviembre de 2009

Fragmento de la Oración del Cacique Seattle (1854)


“El Gran Cacique de Washington ordenó decirnos que quiere comprar tierras nuestras. ¿Cómo pueden comprarse o venderse el cielo o el calor de la tierra? La idea nos resulta extraña. Si no somos dueños de la frescura del aire o los destellos del agua, ¿cómo podría usted comprarlos?

Cada parte de esta tierra es sagrada para mi pueblo.

Cada aguja de pino resplandeciente, cada orilla arenosa, cada bruma de los bosques oscuros y cada insecto que zumba son sagrados en la memoria y la experiencia de mi pueblo. Conocemos la savia que fluye en los árboles así como conocemos la sangre que recorre nuestras venas: albergan la memoria del hombre de piel roja.

Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros.

Las flores perfumadas son nuestras hermanas. El ciervo, el caballo, el águila enorme: estos son nuestros hermanos. Los picos rocosos, los zumos de las praderas, el cuerpo caliente del potrillo y el hombre: todos pertenecen a la misma familia.

Esto sabemos: la tierra no pertenece al hombre; el hombre pertenece a la tierra.

Esto sabemos: todas las cosas están ligadas como la sangre que unifica a una familia. Todas las cosas están empalmadas.

Lo que le pase a la tierra recaerá sobre los hijos de la tierra. El hombre no tejió la trama de la vida; es apenas una hebra de ella. Todo lo que le haga al tejido, se lo hará a sí mismo”.

1 comentario:

  1. Ésa es la soberbia del hombre, que cree que puede adueñarse de todo, sin percatarse, que en realidad, no es dueño de nada...

    Un beso, brujita buena.

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Namasté!!