8 de febrero de 2010

Kuan Yi y el pájaro cola de fuego

La familia de leñadores vivía en un poblado cerca de Kuengming, donde los abetos y los pinos se reparten el pedregoso y húmedo paisaje con vigor desigual.
Shao, el padre, se vio sorprendido una mañana por una extraña fiebre que le nublaba la vista y le entrecortaba el aliento. Cayó, cayó con un suspiro leve junto a su hija pequeña, la servicial y amable Kuan Yi, quien, angustiada, lejos de sus hermanos y de su casa, no supo qué hacer.

Transcurrieron unos segundos hasta que reaccionó. Besó a su padre con fuerza en la frente y entrecerró los ojos pidiendo un milagro. La noche anterior había llovido y el bosque olía a musgos vivos y cortezas abiertas. Estaban a comienzos del verano, cuando se aman los caracoles y los pichones intentan sus primeros vuelos. En el preciso momento en que Kuan Yi volvió a abrir los ojos, apareció frente a ella un cola de fuego, el rojo pájaro de sol. Con su cabecita de azul metálico, el pecho amarillo naranja, la nuca púrpura brillante y la cola semejante a una fina y recta llama.

La preocupada niña y el pequeño pájaro se miraron. Le habían hablado de su belleza pero nunca lo había tenido tan cerca. El cola de fuego se colgó cabeza abajo y cantó y cantó un shuit, shuit, que ella entendió-en su ansiedad-como shu i, shu i, que en la lengua de su tierra quería decir expresar ideas, hablar, manifestar los sentimientos, de manera que sin perder un segundo se inclinó sobre el oído derecho de su padre y comenzó a tararearle una nana que había aprendido de su boca, con tanta dulzura e intensidad que el leñador empezó a reaccionar y se despertó como si emergiera de un largo sueño.

-¿Qué ha pasado?-preguntó Shao.

-Te caíste y parecías muerto.

Entonces, ayudándole a incorporarse, le contó lo del pájaro cola de fuego, le describió cada uno de sus colores, el tono del sol de la tarde y el color del sol de la mañana que vestía su espalda y su pecho, confesándole que tomó su canto por una consejo y decidió llamarlo con aquella nana familiar que él mismo solía emplear cuando quería despertarla con delicadeza.

Días más tarde, al visitar al médico y contarle lo sucedido en el bosque, Shao le dijo que le costaba creer lo que había visto y oído su hija.

-Un desmayo así lo tiene cualquiera-respondió el médico-, pero ese tipo de despertar muy pocos. Había y aún hay demasiada sal en tu vida. Por eso una criatura alada le sugirió a la tuya que la compensara con dulzura. Aprende, pues,pon atención de tus propios pies, que para que uno adelante, el otro debe retroceder, y considera la melódica devolución de tu hija como un regalo que merecías. La fortuna de un socorro que el bosque ejerce mejor que nosotros.



Mario Satz: La parábola de los pájaros cantores

8 comentarios:

  1. ME TRASLADE A ESE MOMENTO Y ME EMOCIONE MUCHO!

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  2. betty mu buen post es un agrado leerte besos

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  3. Qué bonita historia.
    Gracias Betty!
    Un besote, guapísima.

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  4. Sabiduría pura y dura!
    Muy buena la reflexión que viene con la parábola.

    Besitos!

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  5. \\\///
    (Ó_Ó)
    Una buena historia para reflexionar amiga betty¡¡¡
    un besito¡¡¡¡
    p.d
    tengo invitacion para vos el domingo 14 de febrero¡¡¡guarda un lugarcito para el miedoso¡¡¡¡si?????

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  6. Miedoso: una invitación?????
    para que???
    ay que intriga!!!
    tengo que formar parte de algun asesinato, maleficio,de alguna historia de suspenso de esas que cuentas????
    ayyyyyyy!!!!!!
    quiero saberrrrrrr!!!!!
    jajajajaj

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  7. \\\///
    (Ó_Ó)
    hola my brujilla, dentro de un rato voy a cargar unos wallpapers de brujis para vos, si te gustan puedes tomar los q quieras, aunq no se si prefieres q sean gifs, esos los pongo mañana ok????
    besitos del miedoso¡¡¡

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Namasté!!