6 de agosto de 2012

Me doy permiso para...

Me doy permiso para separarme de personas que me traten con brusquedad, presiones o violencia,
También de las que me ignoran…. .
Soy un ser humano que trata con consideración y respeto a los demás. Merezco también consideración y respeto.
Me doy permiso para no obligarme a ser “el alma de la fiesta”, el que pone el entusiasmo en las situaciones, ni ser la persona que pone el calor humano en el hogar, la que está dispuesta al diálogo para resolver conflictos cuando los demás ni siquiera lo intentan.
No he nacido para entretener y dar energía a los demás a costa de agotarme yo: no he nacido para estimularles con tal de que continúen a mi lado.
Mi propia existencia, mi ser; ya es valioso.
Me doy permiso para no tolerar exigencias desproporcionadas.
No voy a cargar con responsabilidades que corresponden a otros y que tienen tendencia a desentenderse.
Si las exigencias de los demás son desproporcionadas hablaré con ellos clara y serenamente.
Me doy permiso para no hundirme las espaldas con cargas ajenas.
Me doy permiso para dejar que se desvanezcan los miedos que me infundieron mis padres y las personas que me educaron.
No soy perfecto, nadie es perfecto y la perfección es oprimente.
Asumo plenamente mi derecho a defenderme, a rechazar la hostilidad ajena, a no ser tan correcto como quieren; y asumo mi derecho a ponerles límites y barreras a algunas personas sin sentirme culpable.
No he nacido para ser la víctima de nadie.
Me afirmo como una persona no adicta a la angustia.
Soy yo quien me valoro, me acepto y me aprecio, No espero a que vengan esas consideraciones desde el exterior.
Empiezo por reconocer mis valores, Y el resto vendrá solo.
Me permito no querer saberlo todo. Me permito no aparentar que estoy al día en todo o en casi todo.
Y me doy permiso para saborear las cosas de la vida que mi cuerpo y mi mente pueden asimilar con un ritmo tranquilo.
Me doy permiso para ser inmune a los elogios o alabanzas desmesurados.
No me impongo soportar situaciones y convenciones sociales que agotan, que me disgustan o que no deseo. No me esfuerzo por complacer.
Si intentan presionarme para que haga lo que mi cuerpo y mi mente no quieren hacer, me afirmo tranquila y firmemente diciendo que no. Es sencillo y liberador acostumbrarse a decir “no”.
No me justificaré: si estoy alegre; lo estoy
si estoy menos alegre, también lo estoy
si un día señalado del calendario es socialmente obligatorio sentirse feliz, y no lo estoy, yo estaré como estaré.

Y ME DOY EL PERMISO MÁS IMPORTANTE DE TODOS: EL DE SER AUTÉNTICO.

Extraído de Joaquín Argente

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